lunes, 15 de septiembre de 2008

El papel roto sobre el piano

Aquella tarde nos invadió la tristeza

Las ventanas golpeaban la pared

Mi corazón rebotaba sobre los pulmones

Hacía frío, mucho frío

Todo estaba en silencio y nadie lograba entender por qué mis ojos no paraban de llorar

La vida no se detiene y es cierto que en algunos lugares se extraña ese abrazo amable de media noche, ese diminuto beso en la mejilla y un suspiro de tranquilidad

Las gotas ya habían formado un charco transparente frente a la puerta

Las sombras volaban hasta las escaleras y de ahí saltaban

Saltaban desde lo más alto

y se estrellaban contra el suelo.




La tormenta arrasó con todo...
y fue una desgracia quedarse tan viva