lunes, 27 de octubre de 2008

Mañana

Cuando se vistió y se miró al espejo se había visto guapa.
Hoy era consciente de que existía y disfrutaba con ello. Así que se enrrolló al cuello su bufanda preferida y dispuesta a comerse el mundo bajó las escaleras a saltitos para recorrer los mismos pasos que todas las mañanas.
Llegaba tarde,como siempre, pero como hoy era un día especial decidió no entrar en clase sino sumergirse en ese mundo de misterio que la tranquilizaba, la biblioteca.
Nada más llegar su respiración y sus neuronas le agradecieron aquella paz tan sepulcral. Parecía reornar al vientre materno. Era como volar sin despegarse del suelo, pero en silencio... entre mucho silencio.

Intentó hacer el menor ruido a rodar la silla y colocar las cosas, se soltó el pelo y tras un suave y sentido suspiro comenzó a inundarse en nuestra cruda realidad económica.





Puede parecer exagerado pero cuando deslizó la bufanda por su cuello sentí su aroma a flores recién cortadas.
Estos asientos los han llenado miles de bellezas de todas las alturas y de todas las edades pero ella tenía algo que me hizo perder la concentración que tanto tiempo me había retenido en este asiento.
Con aires de fresca felicidad colocó los apuntes y el estuche, llenos de colores, miles de colores que me devolvían la alegría sin querer. Se rodó el pelo despeinado y comenzó a leer, absorta y atenta, como si mantuviera un diálogo directo con los folios escritos.
Yo me quedé mirándola hasta que se levantó y se fue, con la misma felicidad con la que vino.

Fue la media hora más corta de mi vida.






Cuando miré el reloj, como Alicia en el país de laas maravillas, tuve que salir corriendo. En estos momentos me gustaría estar en una iglesia, siempre me ha parecido raro, pero hay veces que anhelo ese silencio.